jueves, 2 de agosto de 2012

Un día con Edward Hopper




Entré corriendo en el museo, no había tiempo que perder. Esperé impaciente mi turno en la cola. Creo que incluso bailé un poco. Llegó mi turno. Pensé que sería gratis, pero no (cosas de no leer la letra pequeña): pagué y no me importó. Corrí de nuevo por el resbaladizo y enorme pasillo. Cogí el folleto correspondiente a la exposición, aunque no pensaba leerlo hasta que volviera a Oviedo (¿por qué tanta gente se pasa más tiempo en el museo leyendo que mirando?). Entré y el corazón no sé si aflojó el galope de alivio o se apresuró de la emoción. Aunque intenté con pocas fuerzas leer su extensa biografía situada en la primera pared, todos sus cuadros me tentaban en la comisura de los ojos, así que me convencí de que sabía suficiente sobre él y comencé el manjar. Los entrantes fueron el comienzo de su carrera como pintor, paisajes acompañados por otras obras afines a su estilo o coetáneas, o ambas cosas, no lo recuerdo. Avancé ansiosa por llegar a los óleos de los años 20 y sucesivos, pero sin dejar de saborear las acuarelas, los grabados y los carboncillos que antes encontré. Y no puedes evitar pensar de nuevo (y sin parar): era un genio... daba igual que cogiera un lápiz que un pincel que cualquier otra cosa, iba a transmitirte lo que él quisiera, una soledad húmeda, seca, a color o en blanco y negro, pero una soledad. Hacia la mitad de la sala descubrí que se ganó la vida como ilustrador de portadas de revista, aunque éstas se mostraron en un televisor. Y seguí caminando. Despacito, para no perderme nada. En otra sala encontré las casas más famosas, solitarias, con frecuencia acompañadas de la vía del tren. No quería decir acompañadas, las vías no son ninguna compañía. Pensé mucho en ellas. Parecen habitadas: muchas tienen luz, las persianas subidas, las ventanas abiertas... y sin embargo otra vez y siempre, la soledad llenando el lienzo. Sin excepción. Cada personaje aislado, aun al lado de otro, mentes en lugares opuestos, miradas que no se dirigen a nada ni a nadie, que no ven. Recuerdo una de esas miradas en concreto, la de aquella mujer que sostiene un libro pero no lo está leyendo. Pienso que tiene la mirada vacía, pero después me corrijo: la tiene llena de otras cosas, cosas que están fuera de esa habitación. Y no sé si antes o después de pensar en esos ojos, que en las fotografías no sabía a dónde miraban, me encuentro con ella. No la esperaba de ese tamaño, enorme. La miré durante largo rato. Si la soledad tuviera sinónimos los usaría, para no repetirme, pero ella también se repite en Hopper, incansable como mis ganas de seguir mirando ese cuadro que nunca antes pensé que me atraparía así. Y recuerdo las cosas que pensé allí plantada delante de ella, casi inmóvil: Pensé que si fuera real, la reconocería en cualquier parte, con esa blusa y ese sombrero que instantes antes llevó puestos. Pensé que no estaba sola como el resto, sino conmovedoramente sola, y fue quizás eso lo que a mí me conmovió.  Antes de emocionarme del todo y después de pensar que todo habría sido mejor contigo cogiéndome de la mano, cambié de cuadro. Una mujer desnuda miraba por la ventana, apenas reflexioné, pensé en la enorme diferencia que había entre tenerlo delante y verlo en un libro, una sensación parecida a la de hablar en persona en lugar de por videoconferencia. Infinitamente más hermosa. Después de muchas más contemplaciones parecidas pero únicas, salí de la sala y me di cuenta de que ya se había terminado, así que volví sobre mis pasos para intentar volver a ver con ojos nuevos esos últimos cuadros, los que más me gustaron y a la vez los que más me abrumaron. Pues sí, Hopper es abrumador, pero nunca antes lo había sentido tan de lleno. No pinta lo que mira, sino lo que ve, y por eso te traspasa. Al fin me fui, con algunos recuerdos de la tienda del museo, de la cual también me costó salir. Me quedan sensaciones por contar que ahora reposan en algún recoveco de mí misma, o más bien en muchos, toda la luz y el silencio que también querría que vivierais vosotros. Id a verle por favor, miradle a los ojos.

1 comentario:

david perez busto dijo...

muchos pese a poder verlo en directo solos,preferimos verlo aquí escrito en tu pequeño espacio es maravilloso verlo a través de tu mirada ,de verdad creo que por mucho que lo intente ya no veré esta exposición solo.