martes, 24 de mayo de 2011


Espero a llegar a mi habitación. Cierro la puerta. Me desmorono, un poquito todos los días.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Abrazarte



Cuando me dijeron que te habías marchado
Adonde no se vuelve
Lo primero que lamenté fue no haberte abrazado más veces
Muchas más
Muchas más veces muchas más
La muerte te llevó y me dejó
Tan solo
Tan solo
Tan muerto yo también
Es curioso,
Cuando se pierde alguien del círculo de poder
Que nos-ata-a-la vida,
Ese redondel donde sólo caben cuatro,
Ese redondel,
Nos atacan reproches (vanos)
Alegrías
Del teatro
Que es guarida
Para hermanos
Y una pena pena que no cabe dentro
De uno
Y una pena pena que nos ahoga
Es curioso,
Cuando tu vida se transforma en antes y después de,
Por fuera pareces el mismo
Por dentro te partes en dos
Y una de ellas
Y una de ellas
Se esconde dormida en tu pecho
En tu pecho
Como lecho
Y es para siempre jamás
No va más
En la vida
Querida
La vida
Qué tristeza no poder
Envejecer
Contigo.



Marinetti

martes, 26 de abril de 2011

anhelo


Quiero que me digas, Lucía, he leído eso que escribiste y no lo entiendo, o lo entiendo, o ¿por qué? o que me des un beso que me lo haga saber, aunque sea muy despistada, y no me de cuenta.
El corazón y el alma deberían convivir, pero rara vez lo hacen. Una vez probé solo con el alma y puedo asegurar, que no es suficiente que dos pensamientos se entiendan profundamente, si el corazón no bombea con fuerza. Ahora que tengo el corazón más lleno que nunca, el alma se me escapa a donde siempre acostumbró: a las islas, a la vida y a la muerte, a la poesía...a las verdaderas cosas. Querría compartirlas contigo, porque es lo más real que tengo, mucho más que mis manos y mis ojos y que las cosas que cuento. Pero no puedo, porque aquí conviven los sentimientos, pero no los pensamientos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Ven,


que te guardo del frío
entre las piernas.
Que te dejo en el cuello
el aire prolongado del gemido
y te muerdo la piel
como me enseñaron a comer las naranjas.










lunes, 30 de agosto de 2010

no conozco tu dolor


Aún no te conozco. Sé cada una de tus ilusiones y esperanzas, pero ninguna de tus tristezas. Háblame de tu dolor para que pueda conocerte.

Me contaron que, cuando nací, pesaba tan poco tan poco, que podía hacer equilibrios en el dedo meñique del doctor, y desde entonces, cuando camino, existe un continuo espacio entre el suelo y la suela de mis zapatos.

Ir volando sigue siendo una alegría.

No, porque en días como este, me gustaría descalzarme en la hierba, o en la arena, y sentir el tacto de la vida, ¿sabes?. No necesito ponerme de puntillas para alcanzar un beso, porque ya me ayuda el aire. A veces me gustaría patinar sobre hielo, pero sigue habiendo el mismo espacio vacío, no hay ni siquiera aire de escarcha y camino sobre la nada como los pingüinos sobre el frío.

Eso es un leve dolor.

Esperabas que hablase del desamor ¿no es cierto? O de la muerte, ¿a que sí? Bien, no es lo mismo, pero esta misma levedad parece que me esté apartando de todo lo demás. No sé si lo entenderías pero, tú que quieres conocer mi dolor, porque crees conocerme casi del todo, deberías saber que mis ilusiones y esperanzas, no son otras que adherirme a las cosas con una fuerza irreal, vivir esta vida que se me escapa a dos centímetros de la piel.


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Recuerdo cómo hizo crujir uno a uno los huesos de sus dedos y me aseguró que se comería el mundo. No lo dudé ni por un solo instante, pues era así como decía la verdad: despacio, y con la mirada fija en un punto.
Dudaba en todas las demás cosas insignificantes, como cuando elegía si besarme en la nariz o en los párpados.
Dudaba en todo menos en quererme, fija y lentamente.