Hay veces en las que el espacio y el tiempo se confunden, o más bien dejan de existir.
Veces en las que las emociones salen de nosotros mismos, de nuestro cuerpo demasiado pequeño para contenerlas, y nos miran. Ocupan el aire y nos envuelven, siempre y nunca, en esos días y en esas horas que no existen.
